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Pensamientos entre estrellas

En un mundo cálido y diminuto, repleto de estrellas, existe un secreto. Hoy, ese secreto, antes oculto entre rocas y arena, ha decidido revelarse. Mi secreto habla de ti, de la admiración que despiertas y de la melodía dulce que brota de tu mirada: Eres nostalgia; cuando te evoco, parece florecer la primavera en pleno invierno y el frío de mi corazón se llena con el cálido eco de tu recuerdo. Eres oscuridad; como el rincón en el que guardo tu rostro en mi memoria, un lugar donde nadie debería encontrarte. Eres ausencia; de un espacio que solía ser el refugio donde te descubría, y ahora permanece vacío desde que te alejaste. Eres culpabilidad; lo que tu imagen provoca en mí debería ser prohibido. No me es permitido pensarte, ni mucho menos extrañarte de esta manera. Eres esperanza; en mi eterna soledad, solo el pensamiento de ti me conforta y me regala la dicha que anhelo encontrar. Te pienso profundamente; esperando que mis pensamientos alguna vez logren alcanzarte, toquen tu cabello y...

Ensoñación

Quisiera decirte lo que nunca pude, expresar la admiración y la curiosidad que me inspiras. Te veo en mis sueños, siempre fuera de alcance, siento tus pensamientos encontrándome sin importar la distancia. Te conviertes en bruma y en la noche tu silueta me acompaña. Al amanecer, te marchas con la luz, y vuelvo a la realidad: nunca estuviste. Eres un fantasma en cada espejo que miro, me obsesiona encontrarte en la calle, que me devuelvas la mirada, aunque no sepas de mí y yo de ti. Necesito un instante de tu dulce mirada sobre la mía, para creer que el mundo no es tan cruel. Cada noche cierro los ojos deseando soñarte, acercarme a tu corazón, pero no te sueño y cada noche es una pesadilla por no tenerte. No puedo buscarte, no sabes que existo, miro tu fotografía y tu sonrisa hermosa, es imposible pensar que algún día podré tocarte. Intento olvidarte, pero vuelves a mi mente sin querer irte. Por hoy, déjame recostarme en tu pecho fantasmal, sentir aunque sea una vez tu presencia. Déja...

Desesperación

  Llega la noche sin el estridente sol. Viene toda repleta de oscuridad y un brillo singular. Con pequeños destellos y la cara de la luna.  Habita el silencio en medio de la nada y en ese banal sinsabor se vienen los recuerdos encima.  Atormentan, hablan, asfixian. Se meten dentro de la boca y se apoderan de todo el cuerpo. Y vienen las lágrimas a decirte que la vida no tiene sentido, que el dolor es inevitable y que nunca podrás dejar aquel sentimiento que una vez te hizo llegar al infinito.  Lágrimas corren y la noche fría las congela. Caen como diamantes puntiagudos arañando las mejillas y dejando una cicatriz que jamás se perderá.  En ese momento eterno todo se convierte en una incesante desesperación que añora que salga el sol para que la oscuridad deje de rodear el alma con su frialdad.  Estefania L. 

Uno se enamora

Uno se enamora cuando un segundo se vuelve mágico. Cuando de repente un instante simple se convierte en un instante glorioso. Lo sabes porque él está ahí buscando hacer intenso un momento simple.  Uno se enamora porque la vida empieza a tener otro color, de repente todo cambia cuando él se acerca y con un beso es capaz de convertir el cielo mas oscuro, en un atardecer brillante. Uno se enamora cuando sin querer hacer algo, lo haces para no dejarlo solo. Lo ves reír, lo ves triunfar y sientes esos triunfos como si fueran tuyos.  Lo amas porque has visto en sus ojos que no existe nadie como él. Aunque has visto más miradas y mas destellos, nada se compara con la suya.  Sabes que lo amas, porque en el día piensas en él y en la noche, esperas soñarlo. Estefania L.

El día después del día

He vivido estos últimos tres años pensando que la vida tiene un sentido mucho más allá de lo que se nos ha programado.  Una de tantas tardes mirando el techo de mi habitación y soltando lágrimas por no comprender porque pasan ciertas cosas, me propuse ver la vida de otra forma. Me prometí vivir cada día con sentido. Me prometí que si volvía a sentir alivio del dolor que me había aquejado durante los últimos años, no habría absolutamente nada que pudiera detenerme a cumplir lo que tanto quiero. Semanas después, saqué fuerza de un lugar que no sabía que tenía. Me levanté y fui a buscar ayuda, la busqué en amigos, en mi familia, en mi doctor y me di cuenta de lo interconectados que estamos. Dejé una relación que estuvo a punto de matarme. Quien estuvo cerca mío sabe del miedo y del estrés postraumático que me aquejó. Lo dejé todo, me alejé de amistades y renuncié a sueños y más importante renuncié a la persona que fui. Renunciar a lo que eres es parte de la reconstrucción, del autodes...

Silencio

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 En el silencio comprendo la ausencia. Es el silencio el mas frío de los amigos y el mas leal. Así como también el más cálido y el más dulce.  En el silencio habla la inspiración, se escucha el viento y el choque de las hojas frescas de los árboles.   En el silencio se escucha el pensamiento que a veces nos grita, tan lejano, tan distinto.  En el silencio se escuchan las lágrimas que nunca salieron y las risas que se añoraron. Nos habla de sueños incumplidos y cosas que jamás llegaran.  En el silencio escucho su voz, su risa, la colisión de sus labios. Es tan poderoso ese silencio, que mezclado con la oscuridad dibuja su silueta en el pequeño halo de luz que entra por mi ventana.  E. Landazuri.

El día que aprendí a llorar

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  Todos hemos llorado y quien diga que no, seguramente está mintiendo. Lloramos por muchas cosas, porque si, porque no y por si acaso. Por tristeza, alegría, fanatismo, amor, dolor, etc. Lo cierto es que las lágrimas conviven con nostros cada día, incluso si no lloramos muchas veces somos el pañuelo de lágrimas de alguno de nuestros amigos o familiares.  He llorado por muchas cosas, no puedo ocultarle a nadie lo llorona que soy y no puedo dejar de conmoverme cuando algo me toca el corazón. Una canción, un poema, un perrito de la calle, una sonrisa. Aunque hay muchas películas que me sacan lágrimas, existió un día en el que aprendí a llorar. Lo recuerdo perfectamente, ahí estaba ella, triste apagada y sin ganas de vivir. Contándome las penas y glorias de su vida. La escuché atentamente y la vi llorar un par de horas. Le escuché decir las palabras mas duras cuando me dijo que su vida no tenía sentido y quería irse ya de este mundo. No pude evitar sentir su dolor y su amargura y ...